Mostrando entradas con la etiqueta grandes portadas rock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta grandes portadas rock. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de noviembre de 2009

Grandes portadas del rock: "El Patio" (Triana, 1975)

Entre mis discos de cabecera, aquéllos que escucho una y otra vez sin cansancio, están los de Triana, por obra y gracia del señor Mateos, que me abrió la puerta del patio del rock andaluz y las ventanas que desembocan a la Alameda, al Guadalquivir, a Cai, a Granada o a Medina Azahara. Y a un Zaguán en penumbra. Y a un sótano, un underground que dirían los hippies, donde todavía suenan clandestinamente los Smash. Pero, sobre todo, me abrió la puerta del patio, El Patio con mayúsculas, el disco que bien podría representar no sólo a un género musical, sino a toda una época y a toda una tierra, la Andalucía posfranquista, que despertaba (un poco) de la pesadilla de la dictadura.
Sobre El Patio y Triana se ha dicho ya casi todo, gracias al empeño de unos cuantos devotos que han logrado recuperar la obra del grupo que lideró Jesús de la Rosa, al tiempo que han intentado resucitar toda aquella corriente que se dio en llamar "rock andaluz". En los últimos años se han reeditado discos, se han celebrado homenajes y conferencias, se han escrito libros (como el de Luis Clemente), que con todo merecimiento han recordado uno de los movimientos más intensos de la música española reciente. Quizás, aquel estilo vino a ser la "movida" de los jóvenes andaluces, el reclamo periférico que, con guitarras eléctricas y guiños al flamenco, proclamó que "el Sur también existe".
Pues bien, de ese disco emblemático de Triana a uno le queda algo más que un simple recuerdo. De cada uno de sus temas vuelven a desprenderse nuevos sonidos, e incluso de su portada se descubren nuevos detalles, que antes pasaban inadvertidos. La imagen de la cubierta es obra de Máximo Moreno, pintor y fotógrafo sevillano, hermano del también pintor y cantautor Benito Moreno y de José Moreno 'Josele', el humorista que fuera cantante de Los Payos. Máximo entró en contacto con el grupo Triana desde sus inicios, gracias a su hermano José y a la amistad que le unía con el productor Gonzalo García-Pelayo (al que habría que dedicarle una biografía por su "azarosa" trayectoria en la música, en el cine y en los casinos de Las Vegas), y a él le fue encomendado el diseño del disco de debut de la banda, cuando eran unos desconocidos.
Al parecer, por lo que leo en el magnífico blog http://www.trianadiscografia.blogspot.com/, Máximo se alimentó del espíritu musical de Triana, acudió a sus ensayos y comprendió la propuesta sonora del grupo, su actitud renovadora. Hizo un trabajo de investigación al que hoy pocos artistas estarían dispuestos (instalados en sus estudios), callejeando por el barrio de Triana, entrando en sus casas de vecinos, fotografiando los rincones y los personajes... Como aquella Dolorcita que aparece retratada en la contraportada, con su luto permanente, con su delantal y su pelo blanco, avivando, junto a la silla de enea, el fuego de un potaje.
Ése fue el espíritu que Máximo Moreno quiso trasladar a la portada del primer disco de Triana: el del patio de una corrala, donde todo aparece en penumbra, grisáceo, quieto, inmutable desde hace décadas, quizás siglos, donde se agrietan las paredes, se tiende alguna ropa y dormita el perro con el eco del agua que gotea por el canalón. Pero ese Patio es también el lugar donde paradójicamente aparecen tres personajes extraños en el centro. Son los componentes de Triana (Tele, Eduardo y Jesús), que con sus melenas, sus instrumentos musicales y sus atuendos hippies desentonan con la escena sosegada y tradicional. Probablemente, ésos fueran los dos planos que quisiera destacar Máximo Moreno con esta pintura, y ése fuera también el contraste que quisiera proyectar Triana con su música, llena de modernidad, de psicodelia (de King Crimson, de Pink Floyd, de Hendrix...), pero igualmente plena de raíces, de sonidos cercanos al flamenco y de reclamos lejanos de alminar, como los que parecía exhalar Jesús de la Rosa.
Si bien Triana fue el símbolo musical de una época, quizás esta portada fuera la representación visual de la misma: la imagen de lo viejo y lo nuevo conviviendo. Lo viejo encarnado en la niebla, en las máscaras goyescas de la muerte que asoman por puertas y ventanas (una de ellas, la que aparece debajo, junto al crespón, es la figura del padre de Máximo, que había fallecido poco antes). Y lo nuevo perfilado en los tres jóvenes melenudos de Triana, que parecen sentirse cómodos en ese ambiente. Un lugar en apariencia pobre y lúgubre, pero en el que misteriosamente brotan algunas flores.

jueves, 26 de febrero de 2009

Grandes portadas del rock: "Electric Ladyland" (The Jimi Hendrix Experience)

Puestos a seguir con la fiebre "bloggera" (a ver lo que dura), me he decidido a abrir una sección, con el ánimo de que participéis. Estaba repasando un número antiguo de la revista Rolling Stone (versión argentina en la web) y he visto un trabajo que me ha dado ideas. Se trataba de un reportaje sobre las portadas más polémicas del rock. Evidentemente, aparecen imágenes subidas de tono, otras irreverentes con la política o la religión... En fin, de todo un poco. Unas muy conocidas, otras inéditas...
Había pensado que mejor que ofrecer las "portadas más polémicas", pudiéramos dar las que más nos gusten simplemente o las que consideremos "míticas". No tienen por qué ser polémicas. Pueden ser "artísticas" también: no olvidemos la gran cantidad de fotógrafos y pintores que han colaborado con las estrellas del rock (véase Andy Warhol, por poner un ejemplo fácil).
Así pues, pongo la primera pica en Flandes con esta portada de The Jimi Hendrix Experience. El disco se titula Electric Ladyland (1968) y, como ven, tiene poderosas razones para estar en este grupo de imágenes. La fotografía es sencilla, pero impactante (por llamarlo de alguna manera): representa a un harén de mujeres venerando al "dios" Hendrix. Hoy, como es natural, la portada no asombra demasiado, pero para aquella época fue un bombazo. Tiene varias curiosidades: al parecer, esta foto se improvisó porque el arte final de la que tenían prevista no llegó a tiempo para la publicación. Se decidió entonces dar esta imagen en el disco de lanzamiento en Gran Bretaña y, como suele pasar con muchas cosas improvisadas, acabó teniendo más éxito que el original. Otra anécdota: al viciosillo de Hendrix no le gustó (¿seguro Paco?).
Sobre el disco en sí, se ha escrito que fue el que marcó la transición de Hendrix al rock progresivo. Hay temas memorables, como 'A merman I should turn to be' (más de 13 minutos) o la versión de 'All along the wathctower' de Dylan (que dicen que le encantó). Cuentan, además, que la grabación tuvo bastante lío, por el carácter de Hendrix y las malas relaciones con su banda. Para Hendrix, gran perfeccionista de la guitarra, no pasaban las horas en el estudio y llegó a hacer 43 tomas de 'Gipsy eyes', uno de los temas del disco. Acabó derrotando al equipo, hasta el punto de que fue el último disco que hizo con la banda. A partir de ahí siguió en solitario.